Se me ocurrió citar a Freud en una conversación; su teoría psicoanalítica me parece muy completa, y sobre todo, muy cierta (y algo fuera de contexto, claro, porque el entorno en el que Freud la desarrolló es muy diferente al que vivimos en la actualidad; sin embargo, si la gente la conociera lo suficiente, sabrían lo sencillo que resulta ajustarla y modernizarla(SIC), tipo, Lacan).
No es la primera vez que alguien recibe a Freud a la defensiva: "para Freud, eres un degenerado que quiere acostarse con su madre". Y, sí, de acuerdo al Edipo masculino freudiano, es común el deseo del hijo por la madre. Pero eso no te convierte en un degenerado (per se), ni mucho menos sugiere que Freud te vea como uno.
Dejaré la explicación de Freud para otra ocasión, lo que me compete ahora es el argumento ad hominem, una de las razones por las que siempre, SIEMPRE, prefiero quedarme callado en lugar de discutir con un idiota. Mejor respirar hondo, evitar el tema, y dejar que la gente crea en lo que quiere creer... llevársela tranquilita, vaya, que no vale la pena explicarle nada a quien no quiera entender.
Un argumento ad hominem sucede cuando, en un diálogo, algún pendejo trata de rebatir uno de nuestros puntos (asumiendo que los pendejos no somos nosotros, nomás hablando mamadas, claro) atacando no con una flaqueza de dicho punto, sino a la persona que lo dijo (ya sea, nosotros, o la persona que parafraseamos). Llegan a suceder casos en los que es válido, claro, pero esos casos requieren que NO estemos discutiendo con un pendejo, lo que hace más probable que logren debatir un punto por sus propios medios que recurrir a la desacreditación de la persona, así que podemos asumir que será raro.
Una compañera de la universidad se negó a tomar psicoanálisis porque, no sé según quién, a Freud le gustaban los niños chiquitos. Un conocido dejó de creer en las ideas de libertad de Rousseau cuando le conté que JJR admitió haber tenido su primera erección al ser nalgueado por su niñera. Un par de ejemplos rápidos acerca de cómo un prejuicio puede afectar por completo nuestra percepción, no sólo de la persona, sino de las ideas que nos presenta.
Para acabar pronto, recurrir a argumentos ad hominem nos pone al nivel de Homero Simpson diciendo: "y si era tan listo ¿por qué se murió?". Siempre será mejor mantener la mente abierta y aprender. Siempre podemos aprender algo, hasta de las personas que nos parezcan más tontas o más ruines.
