He estado pensando las últimas semanas en que lo más pendejo que tenemos es el conjunto de normas tácitas que, de alguna manera, queda avalado por la mayoría.
Es verdaderamente triste convivir con personas que aceptan las cosas como están, sin cuestionarlas, sin transformarlas, sin pensar. Hay demasiadas personas que viviendo por innercia. Hay demasiadas cosas que no nos detenemos a analizar, porque asumimos que alguien más ya lo hizo o alguien más lo hará (y, además, atacamos a la persona que lo haga, porque nos ofende mucho que alguien intente romper el status quo).
Tema I. El género
Se acerca la famosa marcha del orgullo gay, y me ha tocado conocer diversas personas que "no se explican el sentido de la marcha" porque consideran que "sólo van a exhibirse y a hacer el ridículo". Y no me sorprendería tanto escucharlo en mi querida ciudad de México, si no lo hubiera escuchado de otras personas gay.
El año pasado asistí a dicha marcha, TRAVESTIDO, y definitivamente me hizo percibir más profundamente ciertas cosas que jamás me había dignado a analizar.
Primera, el código de vestimenta. Es increíble cuánto tiempo se puede perder colocándose maquillaje. Una amiga me hizo favor de ponérmelo, y aún así fue tedioso, aburrido, y muy lento. No me había tocado vivir qué tan cruel es la imposición social de estarte dibujando rasgos que no tienes para aparentar algo que no eres. Y el vello, qué doloroso es depilarse con cera las axilas, y qué raras parecen las piernas velludas con una falda... ¡Y las medias! Es posible que se deba a que las medias más grandes que encontré me resultaron demasiado pequeñas, pero es lo más incómodo que he vestido en mi vida. Estoy demasiado acostumbrado a usar ropa holgada, así que me presentaron un verdadero impedimento para caminar. Dicho sea de paso, me quemé la espalda por llevarla descubierta. Estoy convencido de que son cosas que no deberían exigírsele a nadie. ¿Te quieres pintar? Vas ¿Te quieres depilar? Adelante ¿Quieres usar falda o medias? Perfecto, te lucen. ¿No lo quieres hacer? DEBERÍA SER UNA DECISIÓN RESPETADA. Ya bastante complejo me ha resultado ser un hombre de cabello largo en el engranaje social (empleos negados, críticas de otras personas, se asumen mentiras sobre mi orientación sexual), no quiero ni imaginar lo que pasa una mujer que se niega a "parecer femenina".
Segunda, la preocupación del qué dirán. Mi madre se opuso bastante a que fuera a la marcha, ni se diga travestido. "Alguien te ha de conocer". Es parte de un delirio paranoide inducido culturalmente en mi familia (y en muchas otras en México) en que resulta que no puedes ni traer calcetines diferentes porque alguien se dará cuenta y estará en todo su derecho de humillarte por ello. Esta sensación se multiplica por millones cuando eres un hombre de casi dos metros de altura vestido con ropas que no se permiten en su rol de género, pero, una vez ahí, y gracias a encontrarme entre tanta gente en situaciones similares (y a que iba con un grupo de gente que me apoyaba moralmente, la verdad) se me quitó la pena antes del primer kilómetro. Eso fue lo más revelador de mi experiencia: la comunidad LGBT existe por necesidad de apoyo recíproco. La sensación que tuve con las miradas de la gente en el metro era el extremo opuesto a la que sentí cuando la gente en la marcha vitoreaba mi apariencia. Yo mismo empecé a halagar los atuendos de otras personas, hombres, mujeres, y la gama entre ellos, y entendí mejor que nunca que nadie debería humillar a alguien más por la apariencia que busca proyectar.
Tercera, la hipersexualización del cuerpo. Aún estando entre todas estas experiencias de apertura, mis acompañantes eran de la opinión de que "está bien descararse un día, pero deberían medirse porque hay niños presentes". Y lo entiendo, de verdad: no es algo que resulte fácil entender cuando eres un infante con poca perspectiva. Lo que no entiendo es: ¿por qué debería ser difícil explicarle a un niño la sexualidad? Cuando piensas en el devenir histórico de nuestro pudor y moral, lo que representa, lo que ha costado, y lo negativo que logra, parece prudente expandir los horizontes en educación sexual. México es el primer lugar en embarazos infantiles a nivel mundial, con niñas entre 10 y 14 años dando a luz que no estaban completamente concientes de lo que pasaba. Nuestra dicotomización en los temas del sexo vuelve terriblemente complicada la educación sexual, y terriblemente estúpida nuestra hipocresía: el sexo es perfectamente natural, hasta que se lo tienes que explicar a un niño. "¿Ves esos pechos? Debes desearlos, pero qué asco que alguien te los muestre. Todos desean una pareja a la que le encante el pene, pero que no lo diga en público, porque es de putas/putos. Algún día tú, niña, estarás lista para concebir, y esperaré a que mueras del susto y/o la vergüenza para mencionarlo. Todos los humanos nacemos del sexo, así que lo mejor es no hablar al respecto jamás". Pero es de esperarse que resulte incómodo tratar de explicarle a un niño cuando el propio adulto no entiende lo fisiológico y natural del proceso. Es de esperarse que no podamos entregar lo que no tenemos. ¿Un cuerpo desnudo? No mame, no puse atención en clases de biología, mejor tápese antes de que mis hijos pregunten algo.
Me resulta difícil adaptarme a una sociedad tan imbécil, donde todo lo que es tiene que seguir siendo, porque así estaba cuando llegaron y es lo que les enseñó su abuelita.